sábado, 11 de diciembre de 2010

BARROQUIALIDAD - Germán Machado

Lo confieso: nunca entendí con claridad qué es la poesía neobarroca. Ni siquiera, cuando me pusieron delante el libro Medusario. Muestra de poesía latinoamericana y me dijeron: “¡Sírvete, aquí tienes: esto es poesía neobarroca!”. Ni siquiera entonces entendí con claridad.

Por eso, cuando Jorge Santiago Perednik realiza algunas proposiciones polémicas sobre qué es el neobarroco, negando parcialmente la existencia del fenómeno, me siento tentado a darle la razón. Dice Perednik:

“Los poetas que empezaron a publicar unos años después de 1976, son casi todos (neo)barrocos. Por ejemplo, quienes en los años ‘70 continuaron las propuestas sesentistas, después de 1976 empezaron a proclamar su (neo)barroquismo. A los neorrománticos típicos las características, por ejemplo, que Severo Sarduy atribuye al neobarroco, les cuadran mejor que a muchos supuestos barrocos. Los poetas visuales y fonéticos son (neo)barrocos, los poetas metafísicos son (neo)barrocos a su manera y los poetas que escribieron a la ciudad o mirando el tango o el rock por aquella época supieron hacerlo (neo)barrocamente. […] Si se atraviesa un periodo predominantemente (neo)barroco, aquello que sirve para caracterizar a todas las partes, lo (neo)barroco, no sirve para diferenciar a una parte del resto. Dicho en otras palabras: si las características (neo)barrocas son comunes a tantos escritores con diversas actitudes poéticas es poco inteligente usarlas para diferenciar entre ellos a un conjunto de otros conjuntos, porque si en algo no se diferencian es precisamente en ser (neo)barrocos”.

En principio, el neobarroco parece ser el resultado de una gran mascarada. No obstante, aún siendo ese su origen, el fenómeno fue cobrando presencia, apariencia, corporalidad, víctimas y victimarios.

En el Río de la Plata, agregando más confusión en el asunto, como respuesta (meta o ultra) paródica ante la realidad impuesta de una era neobarroca, el poeta Néstor Perlongher bautizó como neobarroso su emprendimiento poético, el cual se posicionaba de manera irreverente (con los pies sobre el barro) en el lecho de eso que más de uno se empecinaba en identificar (con seriedad o burla) como poesía neobarroca latinoamericana. Es justo decir que el emprendimiento tuvo gran resonancia en su momento, a finales de los años ochenta, principios de los noventa, y que sus ecos aún perduran.

Condenados poetas

No es fácil aceptar una condena. Y los escritores latinoamericanos, de 1972 para adelante (quizás también para atrás), habrían sido condenados a la barroquicidad (el término es de Gonzalo Celorio). Una literatura paródica, hiperbólica, sensualista y un lenguaje artificioso, recargado de adjetivos y digresiones: tales parecen ser los signos que definen aquello que los otros –digamos: los europeos, los norteamericanos: potencias sociales, literarias, editoriales– esperaban (al menos hasta hace unos años) de la literatura que se escribe en el continente. No es fácil aceptar esa condena; si bien, a la vista de algunos resultados, parecería que los poetas latinoamericanos la hubiesen terminado por asumir: seamos neobarrocos, pues.

¿Por qué 1972? Ese fue el año en que Severo Sarduy publicó un ensayo que definió el asunto: “El barroco y el neobarroco”, tituló el poeta cubano a ese texto en el cual abordó asuntos estructurales propios de la retórica literaria al uso de los latinoamericanos. La noción de “neobarroco” había sido utilizada con anterioridad (propuesta por el brasilero Haroldo de Campos, en 1955). Pero quien logró imponerla fue Sarduy, atribuyéndola a distintos aspectos de la obra de autores dispares como José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Mario Abreu, Joâo Guimarâes Rosa, Guillermo Cabrera Infante, Gabriel García Márquez, Julio Cortazar, Harolodo de Campos, entre otros.

En la obra de todos ellos, nos indica Sarduy, bastaría una lectura atenta para encontrar señales del cultivo de una retórica barroca. Una retórica caracterizada por el artificio (y sus figuras de sustitución, proliferación, condensación) y la parodia (y sus figuras de inter-textualidad, intra-textualidad). Una retórica destinada a complacer los juegos de un erotismo obsesivo; complacer una especulación incierta (“reflejo necesariamente pulverizado de un saber que sabe que ya no está apaciblemente cerrado sobre sí mismo”, dice Sarduy); complacer el rechazo del orden; y hasta complacer a la Revolución. Sí, la Revolución, que así, con mayúsculas, puesta al final del ensayo de Sarduy, no parece quedar exenta de la potencialidad paródica del barroco que se quiere definir:

“Barroco que en su acción de bascular, en su caída, en su lenguaje pinturero, a veces estridente, abigarrado y caótico, metaforiza la impugnación de la entidad logocéntrica que hasta entonces lo y nos estructuraba desde su lejanía y su autoridad; barroco que recusa toda instauración, que metaforiza al orden discutido, al dios juzgado, a la ley transgredida. Barroco de la Revolución”.

(Severo Sarduy, 1972: El barroco y el neobarroco. En: César Fernández Moreno (compilador): América Latina en su literatura. Ed. Siglo XXI, UNESCO, México, 1972)

No me extenderé sobre lo que significa el barroco y el neobarroco. José Kozer expone el punto cuando traza un mapa de la poesía latinoamericana actual distinguiendo dos líneas: una línea de geometría fina y recta, de expresión coloquial (coloquialismo, poesía conversacional); otra línea de geometría espesa y prismática, “curvilínea, de expresión turbulenta y densa” (neobarroca). Por su parte, Raúl Romero hace una buena síntesis sobre los distintos puntos de vista que se aplicaron a definir las categorías crítico-literarias del barroco y el neobarroco. Remito a los interesados a esos dos textos. Y si bien no termino de entender qué es el neobarroco, y creo que nadie termina de explicarlo con claridad, existe un cierto consenso en que, a partir de mediados de los setenta, esa tendencia habría conquistado la hegemonía en la poesía latinoamericana (una poesía cada vez más escrita para ser leída por poetas).

Ante esa perspectiva, me interesa destacar lo irreal que resulta suponer la firmeza de una hegemonía neobarroca en la poesía latinoamericana actual, donde, a mi entender, prima un permanente tránsito entre poéticas (barrocas, clásicas, románticas, realistas, surrealistas, experimentalistas, etc.) y una fusión de las mismas: un híbrido, que a menudo cuaja en la obra de distintos poetas, dando a luz resultados de gran intensidad.


La agotad(or)a disputa entre lo barroco y lo coloquial

De todos modos, hay un sentido en el que sí podemos reconocer la influencia del neobarroco: esta tendencia ha incidido sobre las poéticas posmodernas y posvanguardistas a partir de la polarización del debate sobre el sentido (o el sinsentido) de cualquier elaboración poética. Volviendo a las proposiciones que elabora Perednik sobre el neobarroco, hay que concederle que: “No hay acuerdo sobre qué pueda significar esto: y no obstante tampoco hay desacuerdo. O mejor hay un acuerdo tácito –el síntoma– de que no debe haber acuerdos ni desacuerdos”.

Discrepando explícitamente con esa perspectiva, aunque coincidiendo de manera implícita, en una entrevista que Roberto Mascaró realiza con Roberto Echevarren, cuando se aborda el fenómeno de la poesía neobarroca, este último sostiene:

“Yo no tengo por qué aceptar una etiqueta o la otra para referirme a una constelación de poetas o libros que a mi entender son lo más interesante de los últimos años […] trato de describir rasgos de esta poesía nueva: cierto interés en la complejidad sintáctica, en el desconcierto que puede causar en el lector; la falta de un sentido del fin del poema (aquí pongo como ejemplo las Soledades de Góngora); la confrontación a algo que en el siglo XVIII se llamaba lo sublime a partir del falso Longino; el tocar el límite de lo soportable; el conflicto de facultades (Kant); el dolor provechoso; el frisson du nouveau (Baudelaire); el sacudimiento de lo que nos aterra (Poe); la experiencia que nos sacude porque nos confronta con un esperpento de la muerte: ya sea en el naufragio kantiano, el descenso al Maelstrom de Poe, el esperpento de Valle-Inclán”.

Echavarren culmina esa entrevista reivindicando “una pulverización” de las categorías del sujeto (el yo poético) y de la identidad natural o cultural, a favor de “una idea móvil, estratégica y táctica, de guerrilla, de guerra de estilos”. En última instancia, más allá de las conjugaciones condicionales y los indeseables procesos de etiquetado, eso que ha sido presentado como poesía neobarroca –cuya muestra mejor articulada se encontraría en el libro Medusario, donde Echavarren comparte la labor compiladora con José Kozer y Jacobo Sefamí–, parece haber trazado una pauta poética y haber delimitado una tendencia estilística, básicamente, en función de una fuerte polarización respecto del coloquialismo.

Me atrevo a afirmar que en esta oposición, el triunfo neobarroco –su conquista de posiciones hegemónicas en relación al canon–, podría haber sido una derrota. En la actualidad, cuando el coloquialismo vuelve por sus fueros (si bien, en el presente, teñido o desteñido por un cierto aire “cloacal”, asentando su discurso sobre la disconformidad que se vive a flor de piel respecto de las terribles realidades sociales y políticas del continente, conquistando en el camino la vocación de los novísimos poetas), la tendencia poética neobarroca podría considerarse en franco declive. Pero entonces, aunque resulte paradójico, cuando se produce ese virtual repliegue de la poesía neobarroca, apreciamos que ésta ha dejado en su oponente las marcas de su anterior triunfo: el neobarroco ha transferido ciertos valores estéticos a su rival neocoloquial.

La poesía neocoloquial, si así aceptáramos catalogarla, sensible ante el deterioro cultural en el que han sido ancladas nuestras sociedades, no parece haber logrado diferenciar y desmarcar sus propuestas poéticas de ese clima de deja vu y todo vale característico de la época de predominio de la poesía neobarroca. Al asumir las voces de la pobreza, la exclusión social, la marginación, esta nueva tendencia poética vuelve a proyectar patrones típicamente neobarrocos: artificialidad, fabulación, proliferación, condensación, parodia, inter y trans-textualidad, erotismo exasperado, banalidad, gratuidad de la violencia, etc.

De este modo –derrotadas en el triunfo, triunfantes en la derrota, sin ser aún diferenciadas con claridad– las poéticas neobarrocas se entrecruzan con las poéticas neocoloquiales hibridando sus resultados. He ahí, entonces, la barroquialidad.


Caminos, bifurcaciones, encuentros y desencuentros

Arturo Carrera, es un poeta argentino (nacido en Buenos Aires, en 1948) cuya obra ha tenido un fuerte destaque en los últimos años. Fue al repasar su obra que se me ocurrió pensar el título de esta columna (y también una gran parte de su contenido).

En su momento, este poeta fue presentado como perteneciendo a la tendencia neobarroca. De hecho, integró la muestra del libro Medusario. En la actualidad, alejándose de esa identificación, Carrera se ha desplazado hacia posiciones más conciliatorias con el coloquialismo rioplatense. En uno y otro puesto, o en el cruce de ambos, la valía de su obra no deja de ser reconocida por las generaciones más jóvenes de poetas argentinos. Puede pensarse que ello se deba al acercamiento que Carrera tuvo con los nuevos poetas a partir de su rol como compilador de la antología Monstruos, algo que no le restaría ningún mérito. Leer la poesía de Carrera, contextualizándola en su discurrir entre tendencias dispares (barroca / coloquial) y dosificándola de acuerdo con la necesidad de pensar la actualidad, no deja de ser una grata experiencia.

Es cierto que muchos otros poetas latinoamericanos podrían mostrar trayectorias similares y logros tanto o más válidos que los obtenidos por Arturo Carrera. Si lo destaco a él, es porque entiendo, bien o mal, que representa un estado actual de la poesía latinoamericana.

Claro que, y esto es absolutamente subjetivo, después de transitar por las distintas gamas de lo que aquí se presentó como poesía barroquialista, uno siente un peculiar alivio leyendo poemas escritos en el marco de otras tendencias, también actuales. Tendencias que quizás son mucho menos preponderantes que la neobarroca o la neocoloquial, pero que, distantes de éstas, han dado resultados gratos, como los aforemas del venezolano Juan Calzadilla o los poemas frugálicos del uruguayo Hebert Abimorad:

el camino es largo

te ofrezco la bifurcación

que se pierde

para llegar a ti

pero tu silencio

también es largo

entonces vuelvo al camino principal

y no te encuentro

(_Destino X_, en: Poemas Frugálicos, Hebert Abimorad, 2004)

Sí; al tomar distancia de la barroquialidad uno siente como el alivio de quien abandona las grandes carreteras y se introduce, para descansar un rato, solo un rato, en un camino despejado que lo conduce a un paraje no frecuentado por el público. América Latina, aún hoy, ofrece esos lugares, esos silencios, esas bifurcaciones y estos desencuentros.

NOTAS SOBRE LO «CAMP» - Susan Sontag

Muchas cosas en el mundo carecen de nombre; y hay muchas cosas que, aun cuando posean nombre, nunca han sido descritas. Una de éstas es la sensibilidad —inconfundiblemente moderna, una variante de la sofisticación pero difícilmente identificable con ésta— que atiende por el culto nombre de «camp»,

Una sensibilidad (en tanto es algo diferente de una idea) constituye uno de los temas más difíciles dé tratar; pero hay razones específicas por las que lo camp, en particular, nunca ha sido discutido. No es ún modo natural de sensibilidad, suponiendo que tal cosa exista. Es más, la esencia de lo camp es el amor a lo no natural: al artificio y la exageración. Y lo camp es esotérico: tiene algo de código privado, de símbolo de identidad incluso, entre pequeños círculos urbanos. Aparte de un perezoso bosquejo de dos páginas en la novela de Chrístopher Isherwood The world in the evening (1954), apenas ha trascendido a la imprenta. Por ello, hablar sobre lo camp es traicionarlo. Si la traición puede ser justificada, habrá de serlo por la edificación que represente, o por la dignidad del conflicto que resuelva. En mi defensa, expongo la finalidad de autoedificación, y el estímulo de un agudo conflicto en mi propia sensibilidad. Me siento fuertemente atraída por lo camp, y ofendida por ello con intensidad casi igual Es por eso que quiero hablar sobre el tema, y es por eso que puedo, Porque nadie que comparta decididamente una sensibilidad determinada puede analizarla; sólo puede, cualesquiera fueren sus intenciones, exponerla. Dar nombre a una sensibilidad,trazar sus contornos y referir su historia, exige una profunda simpatía, modificada por la revulsión.

Aunque únicamente me refiero a la sensibilidad—y a una sensibilidad que, entre otras cosas, convierte lo serio en frivolo—, se trata de cuestíones graves. La mayoría de la gente cree que la sensíbílidad o el gusto son el reino de las preferencias, puramente subjetivas, de esas misteriosas atracciones, principalmente sensuales, que no se han sometido a la soberanía de la razón.Conceden que las consideraciones fundadas en el gusto desempeñan un papel en sus reacciones ante otra gente y ante obras de arte. Pero esta actitud es ingenua. Y peor todavía. Tratar con condescendencia la facultad del gusto equivale a tratarse con condescendencia así mismo, Pues el gusto gobierna toda respuesta humana libre —en tanto opuesta a maquinal— No hay nada tan decisivo. Hay gusto en las personas, gusto visual, gusto emocional; y hay gusto en los actos, gusto en la moralidad. La inteligencia es tambien, de hecho, un tipo de gusto: gusto por las ideas. (Uno de los hechos a tener en cuenta es el de que el gusto tiende a desarrollarse muy desigualmente. Es raro que la misma persona tenga buen gusto visual y buen gusto para la gente y gusto por las ideas.)

El gusto no tiene sistema ni pruebas. Pero hay una suerte de lógica del gusto: la sólida sensibilidad que subyace a un determinado gusto y lo hace surgir. La sensibilidad es casi, aunque no absolutamente, inefable. Toda sensibilidad que pueda ser ajustada en el molde de un sistema, o manipulada con los toscos instrumentos de la prueba; ha dejado de ser una sensibilidad. Ha cristalizado en una idea...

Para aprehender una sensibilidad con palabras, sobre todo si es vivida y poderosa, hay que estar alerta y ser ligero. Me ha parecido que las notas serian la forma más apropiada de coger algo de esta sensibilidad particularmente huidiza, mejor aún que el ensayo (con su tendencia al razonamiento lineal, consecutivo). Resulta embarazoso mostrarse solemne y erudito a la hora de tratar sobre lo camp. Correríamos el riesgo de producir, a su vez, una pieza camp de calidad muy inferior.

1. Para comenzar, en términos muy generales: lo camp es una cierta manera del. esteticismoEsuna manera de mirar al mundo como fenómeno estético. Esta manera, la manera camp, no se establece en términos de belleza, sino de grado de artificio, de estilización.

2. Cargar el acento en el estilo es menospreciar el contenido, ó introducir una actitud neutral respecto del contenido. Ni que decir tiene que la sensibilidad camp es no comprometida y despolitizada —al menos,

La sensibilidad de una época no sólo es su aspecto más decisivo, sino también el más constituyente. Se puede aprehender las ideas (historia intelectual) y la conducta (historia social) de una época sin percibir jamás la sensibilidad ni el gusto que conformaron dichas ideas, dichas conductas. Son raros los estudios históricos —como los de Huizinga sobre la Baja Edad Media o los de Febvré sobre el siglo XVI francés— que nos dicen algo sobre la sensibilidad del período. apolítica—.

3. No sólo hay una visión camp, una manera camp de mirar las cosas. Lo camp es también una cualidad perceptible en los objetos y en el comportamiento de las personas. Hay películas, vestidos, canciones populares, novelas, personas, edificios camp... Esta distinción es importante, Cierto es que la mirada camp tiene el poder de transformar la experiencia. Pero no todo puede ser percibido como camp. No todo está en la mirada del espectador,

4. Ejemplos al azar de elementos que forman parte del catálogo camp:

Zuleika Dobson

las lámparas Tiffany

las películas de Scopitone

el restaurante Brown Derby, en Sunset Boulevard

los títulos y las narraciones de The Enquirer

los dibujos de Aubrey Beardsley

El lago de los cisnes

las óperas de Bellini

la dirección de Visconti de Salomé y Lastima que sea una puta

algunas postales de la vuelta del siglo

King Kong, de Schoedsack

la cantante popular cubana La Lupe

la novela con grabados de Lynn Ward, God's Man

los viejos tebeos de Flash Gordon

los vestidos de mujer de los años veinte (boas de plumas,

vestidos con flecos y abalorios, etc.)

las nóvelas de Ronald Firbank e Ivy Compton-Burnett

las películas sólo para hombres vistas sin lujuria

5. El gusto camp tiene preferencia por determinadas artes. Vestidos, mobiliario, todos los elementos de la decoración visual, por ejemplo, constituyen buena parte de lo camp. Pues el arte camp suele ser arte decorativo, que subraya la textura, la superficie sensual y el estilo, a expensas del contenido. La música de concierto, sin embargo, por su carencia de contenido, rara vez es camp. No ofrece oportunidades, por ejemplo, para el contraste entre un contenido absurdo o extravagante y una forma rica... A veces formas enteras de arte se saturan de camp. El ballet clásico, la ópera, el cine, dieron esa impresión durante largo tiempo. En los dos últimos años, se ha anexionado la música popular (postrock and roll, lo que en Francia se llama yéyé). Y la crítica cinematográfica (como las listas de «las diez mejores malas películas que he visto») quizá sea el mayor popularizador del gusto camp en la actualidad, pues la mayoría de la gente sigue yendo al cine con alegría y sin pretensiones.

6. En un sentido es correcto decir: «es demasiado bueno para ser camp». O «demasiado importante», no lo bastante marginal. (Más bien esto último.) Así, la personalidad y muchas de las obras de Jean Cocteau son camp, pero no las de André Gide; las óperas de Richard Strauss, pero no las de Wagner; los engendros de Tin Pan Alley y Liverpool, pero no el jazz. Muchos ejemplos de camp los constituyen cosas que, desde un punto de vista, «serio», son mal arte okitsch. No todo, sin embargo. No sólo lo camp no es necesariamente mal arte; sino que cierto arte que puede ser considerado camp (ejemplo: las mejores películas de Louis Feuillade) merecen nuestra más profunda admiración.

7. Todos los objetos, y las personas, camp contienen una parte considerable de artificio. En la naturaleza nada puede haber de camp... El camp rural es todavía obra dcl hombre y la mayoría de los objetos camp son urbanos. (No obstante, suelen, tener una serenidad —o una ingenuidad— equivalente al bucolismo. Mucho de camp sugiere la expresión de Empson «bucolismo urbano».)

8. Lo camp es una concepción del mundo en términos de estilo; pero de un tipo particular de estilo. Es el amor a lo exagerado, lo «off», el ser impropio de las cosas. El mejor ejemplo nos lo da el art nonveau, el estilo camp más característico y más plenamente mente desarrollado. Los objetos del art noveau, característicamente, convierten una cosa en otra distinta: las guarniciones de alumbrado en forma de plantas floridas, la sala de estar que es en realidad una gruta. Un ejemplo notable: las bocas del metro de París diseñadas a fines de siglo por Hector Guimard en forma de tallos de orquídeas de hierro forjado,

9. Lo camp, considerado como un gusto en las personas, responde particularmente a lo marcadamente atenuado y a lo fuertemente exagerado. El andrógino es ciertamente una de las mejores imágenes de la sensibilidad camp. Ejemplos: las desmayadas, esbeltas, sinuosas figuras de la pintura y la poesía prerrafaelistas; los finos, floridos, asexuados cuerpos de los grabados y los carteles art noveau, presentados en relieve sobre ceniceros y lámparas; la acuciante languidez andrógina que yace tras la perfecta belleza de Greta Garbo. Aquí, el gusto camp se apoya en un principio del gusto rara vez reconocido: la forma más refinada del atractivo sexual (así como la forma más refinada del placer sexual) consiste en ir contra el propio sexo. Lo más hermoso en los hombres viriles es algo femenino, lo más hermoso en las mujeres femeninas es algo masculino. Aliado al gusto camp por lo andrógino, hay algo que parece muy distinto pero que no lo es: un culto a la exageración de las características sexuales y los amaneramientos de la personalidad. Por razones obvias, los mejores ejemplos que pueden citarse son los de estrellas de cine, La rancia y rimbombante feminidad de Jayne Mansfield, Gina Lollobrigida, Jane Russell, Virginia Mayo; la exagerada masculinidad de Steve Reeves, Víctor Mature. Los grandes estilistas del temperamento y del amaneramiento, como Bette Davis, Barbara Stanwyck, Tallulah Bankhead, Edwige Feuillere.

10. El camp lo ve todo entre comillas. No será una lámpara, sino una «lámpara»; no una mujer, sino una «mujer». Percibir lo camp en los objetos y las personas es comprender el Ser-como-Representación-de-un-Papel. Es la más alta expresión, en la sensibilidad, de la metáfora de la vida como teatro.

11. Lo camp es el triunfo del estilo epiceno. (La convertibilidad de «hombre» y «mujer», «persona» y «cosa».) Pues todo estilo, es decir, todo artificio, es, en último término, epiceno. La vida no es elegante. Tampoco lo es la naturaleza.

12. La cuestión no es «¿por qué el travestismo, la imitación, la teatralidad?». La cuestión es, más bien, «¿cuándo el travestismo, la elegante teatralidad, adquieren el específico sabor camp?» ¿Por qué no es epicena la atmósfera de las comedias de Shakespeare (Como gustéis, etc.) y sí lo es la de El caballero de la rosa?

13. La línea divisoria parece pasar por el siglo XVIII; allí es posible encontrar los orígenes del gusto camp (las novelas góticas, las chinoiseries, la caricatura, las ruinas artificiales y todo lo demás). Pero la relación con la naturaleza era entonces muy diferente. En el siglo XVIII, las personas de gusto protegían la naturaleza (Strawberry Hill) o intentaban reproducirla en algo artificial (Versalles). También protegían el pasado. Hoy, el gusto camp. borra la naturaleza, o la contradice rotundamente. Y la relación del gusto camp con el pasado es extremadamente sentimental.

14. Una historia de bolsillo de lo camp podría, naturalmente, remontarse hasta muy atrás —con los artistas manieristas como Poritormo, Rosso y Caravaggio, o la pintura extraordinariamente teatral de Georges de Latour, o el eufuísmo (Lyly, etc.) en la literatura—, Pese a todo, el punto de partida más preciso parece estar situado a finales del XVII y principios del XVIII, debido a la extraordinaria inclinación del período al artificio, la superficie, la simetría; su. gusto por lo pintoresco y lo emocionante, sus elegantes convenciones para representar la emoción inmediata y la absoluta presencia de carácter: el epigrama y el pareado (en las palabras), lo florido (en el gesto y en la música). Los finales del XVII y principios del XVIII son el gran período del camp: Pope, Congreve, Walpole, etc., pero no Swift; les précieux en Francia; las iglesias rococó de Munich; Pergolesi. Algo más tarde: gran parte de la obra de Mozart. Pero en el siglo XIX, lo que antes había sido distribuido por todos los rincones de la alta cultura se convierte en un gusto específico; asume los armónicos de lo agudo, lo esotérico, lo perverso. Ateniéndonos a la historia de Inglaterra, se ve cómo lo camp recorre tristemente el esteticismo del siglo XIX (Burne-Jones, Pater, Ruskin, Tennyson), emerge íntegro en el movimiento art noveau en las artes visuales y decorativas, y encuentra sus ideólogos conscientes en «talentos» como Wilde y Firbank.

15. Como es lógico, decir que todas estas cosas son camp no significa sostener que son simplemente esto. Un análisis a fondo del art noveau, por ejemplo, difícilmente incluyera su comparación con lo camp. Pero un análisis semejante no debiera ignorar . cuáles son los elementos del art nouveau que permiten que se lo experimente como camp. El art nouveau está cargado de «contenido», aun del tipo político-moral; fue un movimiento revolucionario en las artes, espoleado por. una visión utópica (algo situado entre William Morris y el Bauhaus) de una política y un gusto orgánicos. Sin embargo, hay también una característica de los objetos del art nouveau que sugiere una visión «de esteta» no comprometida y falta de gravedad. Esto indica algo importante sobre el art. nouveau, y sobre las lentes de lo camp, que obstaculizan la percepción del contenido.

16. Así, la sensibilidad camp es aquella que está abierta a un doble sentido en que las cosas pueden ser tomadas. Pero no es ésta la construcción familiar dicotómica de un significado literal, por una parte, y un significado simbólico, por otra. Es, más bien, la diferencia entre la cosa en cuanto significa algo, cualquier cosa, y la cosa en cuanto puro artificio.

17. Esto aparece claro, en el uso vulgar en inglés de la palabracamp como verbo, to camp, algo que la gente hace. To camp es seducir de determinado modo; un modo en que se emplean amaneramientos extravagantes, susceptibles de una doble interpretación: gestos llenos de duplicidad, con un significado divertido para el conocedor, y otro, más impersonal, para los extraños. Igualmente y por extensión, cuando la palabra se convierte en sustantivo, cuando una persona o un objeto es «un camp» hay una duplicidad. Además del sentido público «correcto» en que se puede tomar una cosa, encontramos una experiencia privada estrafalaria de la cosa.

18. Hay que distinguir entre lo camp ingenuo y lo deliberado. Lo camp puro es siempre ingenuo, Lo camp que se reconoce como tal (camping) suele ser menos satisfactorio.

19. Los ejemplos puros de camp son involuntarios; son de una seriedad absoluta. El artesano art noveau que construye una lámpara con una serpiente enroscada no engaña a nadie, ni pretende mostrarse encantador, Con toda su seriedad nos dice:voila! ¡Oriente! Lo auténticamente camp — por ejemplo, los números musicales concebidos para las películas de la Warner Brothers, de los primeros años treinta (42nd Street; The gold

diggers of 1933..., of 1935..., of 1937, etc.), por Busby Berkeley— no pretende ser divertido. Lo camping —por ejemplo, las obras de Noel Coward—, sí. Parece improbable que gran parte del repertorio de ópera tradicional resultara tan satisfactoriamente camp si los absurdos melodramáticos de la mayoría de sus argumentos no hubieran sido tomados en serio por sus compositores. Y no es preciso conocer las intenciones privadas del artista, La obra lo dice todo. (Compárese una ópera típica del siglo XIX con laVanessa de Samuel Barber, una pieza de camp manufacturado, calculado, y se verá la diferencia con claridad.)

20. Probablemente, pretender sercampy sea siempre peligroso. La perfección de Trouble in Paradise y The maltese falcon, de entre las mejores películas camp jamás filmadas, obedece a la soltura con que se mantiene el tono. No ocurre lo mismo con películas famosas y presuntalmente camp de los años cincuenta, como All about Eve y Beat the

Devil Estas películas más recientes tienen sus buenos momentos, pero la primera es tan resbaladiza y la segunda tan histérica, y ambas pretenden con tan mala fortuna sercampy, que continuamente pierden el ritmo... Quizá, sin embargo, no sea cuestión tanto del efecto no buscado y contrapuesto a la intención consciente, como-de la delicada relación entré parodia y autoparodia en el camp, Las películas de Hitchcock son ejemplo característico de este problema. Cuando la autoparodia carece de entusiasmo, pero en cambio revela (aun esporádicamente) desprecio por las propias tesis y los propios materiales —como en To catch a thief, Rear window, North by Northwest— los resultados son forzados y rígidos, rara vez camp. Lo camp logrado —una película como Drole de drame de Carné; las actuaciones cinematográficas de Mae West y Edward- Everett Horton; partes del Goon Show— aun cuándo revela autoparodia, huele a autoestima.

21. Una vez más, lo camp se apoya en la inocencia. Esto quiere decir que lo camp desvela la inocencia, pero también, cuando puede, la corrompe. Los objetos, al ser objetos, no cambian al ser individualizados por la visión camp. Las personas, sin embargo, responden a sus públicos, Las personas se inician en lo camp: Mae West, Bea Lille, La Lupe, Tallulha Bankhead en Life boat, Bette Davis en All about Eve (Las personas pueden incluso ser inducidas al «camp» sin saberlo. Considérese cómo Fellini llevó a Anita Ekberg a parodiarse a sí misma en La Dolce Vita)

22. Considerado algo menos estrictamente, lo camp es absolutamente ingenuo o plenamente consciente (cuando uno juega a sercampy). Un ejemplo de esto último: los mismos epigramas de Wilde.

23. En lo camp ingenuo, o puro, el elemento esencial es la seriedad, una seriedad que fracasa. Desde luego, no toda seriedad que fracasa puede ser reivindicada como camp. Sólo aquélla que contiene la mezcla adecuada de lo exagerado, lo fantástico, lo apasionado y lo ingenuo.

24. Lo simplemente malo (más que camp) suele serlo a causa de una ambición demasiado mediocre. El artista no ha intentado hacer nada realmente extravagante. («Es demasiado», «es demasiado fantástico», «es increíble», son frases tipo del entusiasmo camp.)

25. El sello de lo camp es el espíritu de extravagancia. Camp es. Una mujer paseándose con un vestido hecho con tres millones de plumas. Camp son las pinturas de Cario Crivelli, con sus joyas, auténticas, e insectos y grietas trompe l'oeil en la albañilería. Camp es el rabioso esteticismo de las seis películas norteamericanas de Sternberg con la Dietrich, las seis, pero especialmente la ultima, The Devil is a woman... En lo camp suele haber algo dedémesuré en la calidad de la ambición, no sólo en el estilo de la obra misma. Los fantásticos y hermosos edificios de Gaudí en Barcelona no sólo son camp por su estilo, sino porque revelan — más notablemente la Sagrada Familia— la ambición de un hombre, de hacer la tarea de una generación, de elaborar toda una cultura.

26. Lo camp es arte que quiere ser serio pero que sin embargo no puede ser tomado enteramente en serio porqué es «demasiado». Tito Andrónico y Extraño interludio son casi camp, o podrían ser representadas como camp. Los modales y la retórica públicos de De Gaulle son muchas veces camp puro.

27. Una obra puede estar próxima a lo camp y no llegar a serlo a causa de su éxito. Las películas de Eisenstein rara vez son camp, porque, a pesar de toda su exageración, triunfan (dramáticamente) sin exceso. Si fueran algo más«off», podrían ser camp superior —en particular Iván el Terrible, I y II—. Lo mismo sucede con los dibujos y pinturas de Blake, pese a lo fantasmagóricas y amaneradas que son. No son camp; aunque el art nouveau, influenciado por Blake, lo es.

Cuanto es extravagante de un modo inconsistente o desapasionado, no es camp. Tampoco puede ser camp cuanto no parece-brotar de una sensibilidad irreprimible, virtualmente incontrolada. Sin pasión, se obtiene pseudocamp; algo meramente decorativo, acomodaticio; en una palabra, chic. En las áridas márgenes del camp yace un número de cosas atractivas: las pulidas fantasías de Dalí, el preciosismo haute couture de La muchacha de los ojos de oro, dc Albicocco. Pero las dos cosas —preciosismo y camp— no deben ser confundidas.

28. Camp, una vez más, es el intento de hacer algo extraordinario. Pero extraordinario en el sentido, muchas veces, de especial, de seductor. (La línea curva, el gesto extravagante). No extraordinario únicamente en el sentido de esfuerzo. Los Créase o no de Ripley.rara vez soncampy. Los casos allí expuestos, sean rarezas naturales (el gallo de dos cabezas, la berenjena en forma de cruz) o productos de una labor ímproba (el hombre que fue a China andando sobre sus manos, la mujer que grabó el Nuevo Testamento en una cabeza de alfiler), carecen de ese atractitudactivo visual —el encanto, la teatralidad— que proporciona a ciertas extravagancias características camp.

29. La razón por la que películas como La hora final y libros como Winesbourg Ohioy Por quién doblan las campanas son malos hasta el punto de hacernos reír, pero no malos hasta el punto de deleitarnos, está en que son demasiado inflexibles y pretenciosos. Carecen de fantasía, Hay camp en películas malas como The prodigal y Samson and Delilah, en la serie de espectáculos en color italianos en que se ofrece cómo principal atracción al super-héroe Maciste, en numerosas películas de ciencia ficción japonesas (Rodan, The mystsrians, The H-Man) porque, en su relativa falta de pretensiones y en su vulgaridad, son más extremados e irresponsables en la fantasía y, por lo tanto, emocionantes y bastante divertidos.

30. Por supuesto, el canon del camp puede cambiar. El tiempo tiene mucho que ver en ello. El tiempo puede realzar lo que hoy nos parece simplemente rígido o falto de fantasía porque estamos demasiado próximos a ello, porque se asemeja excesivamente a nuestras fantasías cotidianas, cuya naturaleza fantástica no percibimos. Nos es más fácil deleitarnos en una fantasía en cuanto tal, cuando no es la nuestra.

31. Es por ello que tantos objetos apreciados por el gusto camp están pasados de moda, fuera de época,demodé. Y no se trata de amor a lo viejo como tal Se trata, simplemente, de que el proceso de envejecimiento o deterioro proporciona la distancia necesaria, o despierta la necesaria simpatía. Cuando el tema es importante, y contemporáneo, el fracaso de una obra de arte puede llegar a indignarnos. El tiempo puede remediarlo. El tiempo libera a la obra de arte del contexto moral, entregándola a la sensibilidad camp... Otro efecto: el tiempo reduce el ámbito de la banalidad. (La banalidad es siempre, en sentido estricto, una categoría de la contemporaneidad.) Lo que fue banal puede, con el paso del tiempo, llegar a ser fantástico. Mucha gente que escucha con deleite el estilo de Rudy Vallee, revivido por el grupo pop inglés The Temperance Seven, difícilmente habría soportado a Rudy Vallee en su apogeo.

Así pues, las cosas son camp y no cuando se hacen viejas, sino cuando nos liberamos hasta cierto punto de ellas y somos capaces de deleitarnos por el fracaso del intento, en vez de sentirnos frustrados. Pero el efecto del tiempo es imprevisible. Quizá los'actores formados en el «Método» (James Dean, Rod Steiger, Warren Beatty) lleguen a parecemos tancamp algún día como hoy nos lo parece Ruby Keeler, o Sarah Bernhardt en las películas que hizo al final de su carrera. O quizá no.

32. Camp es la glorificación del «personaje». La afirmación en sí carece de importancia, excepto, como es lógico, para la persona que la hace (Loie Fuller, Gaudí, Cecil B. De Mille, Crivelli, De Gaulle, etc.). Lo que aprecia la mirada camp es la unidad, la fuerza de la persona. En cada uno de sus movimientos, la veterana Martha Graham sigue siendo Martha Graham, etc., etc... Esto se nota en el caso del gran ídolo serio del gusto camp, Greta Garbo, La incompetencia de la Garbo (al menos, su falta de profundidad) comoactriz magnifica su belleza. Es siempre ella misma.

33. El gusto camp responde precisamente al «personaje del momento» (esto, por cierto, es muy del siglo XVIII); y a la inversa, lo que no conmueve al camp es el sentido del desarrollo del personaje. El personaje es comprendido como un estado de continua incandescencia; una persona que es una, intensísima, cosa. Esta actitud respecto del personaje es el elemento clave de la teatraliza-ción de la experiencia encarnada en la sensibilidad camp. Y explica en parte el hecho de que la ópera y el ballet sean experimentados como ricos tesoros camp, pues ninguna de estas formas puede fácilmente hacer justicia a la complejidad de la naturaleza humana. Allí donde hay desarrollo del personaje, lo camp se reduce. Entre las óperas, por ejemplo, La Traviata (que posee un cierto desarrollo del personaje) es menoscampy que Il trovatore (que no tiene ninguno).

34. El gusto camp vuelve la espalda al eje bueno-malo del juicio estético corriente. El camp no invierte las cosas; No sostiene que lo bueno es malo, o que lo malo es bueno. Se limita a ofrecer un conjunto de normas para el arte (y la vida), diferente, complementario.

35. Por lo general valoramos una obra de arte por la seriedad y dignidad de lo que logra. La-valoramos porque tiene éxito —en ser lo que es y, presumiblemente, en satisfacerla intención que apunta tras ella—. Asumimos una relación adecuada, es decir, concreta, entre la intención y la ejecución. De acuerdo con estas pautas apreciamos laIlíada, las comedias de Aristófanes, el Arte de la Fuga,Middlemarch, las pinturas de Rembrandt, Chartres, la poesía de Donne, La Divina Comedia, los cuartetos de Beethoven y —entre los.individuos— a Sócrates, Jesús, San Francisco, Napoleón, Savonarola. En resumen, el panteón de la gran cultura; verdad, belleza y seriedad.

36. Pero hay otros sentimientos delicados y creadores, además de la seriedad (trágica o cómica) de la gran cultura y del gran estilo para evaluar a la gente. Si nos limitamos are spetar el estilo de la cultura superior nos hacemos trampa en cuanto seres humanos, por mucho que podamos hacer o sentir en nuestro fuero interno.

Por ejemplo, hay un tipo de seriedad cuyo sello es la angustia, la crueldad, el trastorno mental. En ella, aceptamos una disparidad entre intención y resultado. Me refiero, por supuesto, aun estilo de existencia personal, además de a un estilo en el arte; pero los mejores ejemplos pertenecen al arte. Piénsese en el Bosco, Sade, Rimbaud, Jarry, Kafka, Artaud, piénsese en la mayoría de las obras, de arte importantes del siglo XX, arte cuya meta no consiste en crear armonías, sino en forzar el medio e introducir una temática cada vez más violenta e irresoluble. Esta sensibilidad insiste también en el principio de que la o euvre en el viejo sentido (de nuevo, en el arte, pero también en la vida) no es posible. Sólo son posibles «fragmentos»... Claramente, aquí se aplican pautas distintas de las de la gran cultura tradicional. Una cosa es buena no porque haya sido realizada, sino porque revela otra clase de verdad acerca de la situación humana, otra experiencia de lo que constituye el ser humano; en suma: otra sensibilidad válida, y tercera entre las grandes sensibilidades creadoras, es lo camp: la sensibilidad de la seriedad fracasada, de la teatralización de la experiencia. Lo camp rechaza tanto las armonías de la seriedad tradicional como los riesgos de una identificación absoluta con estados extremos del sentimiento.

37. La primera sensibilidad, la de la alta cultura, es básicamente moral. La segunda sensibilidad, la de los estados extremos del sentímiento representada en gran parte del arte contemporáneo de vanguardia, obtiene su fuerza de una tensión entre la moral y la pasión estética. La tercera, la sensibilidad camp, es enteramente estética.

38. Lo camp es la experiencia del mundo constantemente estética. Encarna una victoria del «estilo» sobre el «contenido», de la «estética» sobre la «moralidad», de la ironía sobre la tragedia.

39. Camp y tragedia son términos antitéticos. En lo camp hay seriedad (seriedad en el grado de implicación del artista) y, con frecuencia, emoción. Lo atroz es también una de las tonalidades de lo camp; la cualidad atroz de gran parte de la obra de Henry James (por ejemplo, The europeans, The awkward age, The wings of the dove) es responsable del considerable elemento camp presente en sus escritos. Pero nunca, nunca hay tragedia.

40. El estilo lo es todo, Las ideas de Genet, por ejemplo, son muy camp. La afirmación de Genet de que «el único criterio de un acto es su elegancia»* es virtualmente equivalente, en cuanto declaración, a la deWilde: «en asuntos de gran importancia, el elemento vital no es la sinceridad, sino el estilo». En último término, lo que cuenta es el estilo en el que las ideas son ostentadas. Las ideas sobre moralidad y política de, por ejemplo, El abanico de Lady Windermere y Major Barbara son camp, pero no únicamente por la naturaleza de las ideas mismas. Son las ideas, expresadas de un modo especialmente alegre. Las ideas camp de Notre Dame des Fleurs son sostenidas con demasiada inflexibilidad, y la escritura misma es demasiado exitosamente elevada y seria, para que los libros de Genet sean camp.

La frase de Sartre en Saint Genet es «Elegancia es la cualidad de la conducta que transforma la mayor cantidad de ser en apariencia».

41. Lo único importante en lo camp es destronar lo serio. Lo camp es lúdico, antiserio. Más precisamente, lo camp implica una nueva, más compleja, relación para con «lo serio». Es posible ser serio respecto de lo frívolo y frívolo respecto de lo serio.

42. Una persona se inclina hacia lo camp cuando comprende que la «sinceridad» no es suficiente. La sinceridad puede ser simple filisteísmo, estrechez intelectual.

43. Los medios tradicionales para trascender la mera seriedad —ironía, sátira— nos parecen hoy débiles, inadecuados al medio culturalmente congestionado en que es educada la sensibilidad contemporánea, Lo camp introduce una nueva pauta: el artificio como ideal, la teatralidad.

44. Lo camp propone una visión cómica del mundo. Pero no una comedia amarga o polémica. Si la tragedia es una experiencia de la hiperimplicación, la comedia es una experiencia de la . infraimplicación, del distanciamiento.

45. El distanciamiento es prerrogativa de una élite; y así como el dandy es el sustituto decimonónico del aristócrata en cuestiones de cultura, lo camp es el dandismo moderno. Lo camp es la respuesta al problema: cómo ser dandy en la época de la cultura de masas.

46. El dandy estaba supereducado. Su postura era el desdén, o también el ennui Buscaba sensaciones raras, no mancilladas por el aprecio de las masas. (Modelos: Des Esseíntes de À Rebours, de Huysmans, Marius the epicurean, Monsieur Teste, de Valéry.) Estaba consagrado al «buen gusto».

El connaisseur de lo camp ha encontrado placeres más ingeniosos. No en la poesía latina, ni en los vinos raros, ni en las chaquetas de terciopelo, sino en los placeres más vulgares y comunes, en las artes de las masas. El mero uso no deshonra los objetos de su placer, puesto que él aprende a poseerlos de un modo raro. Lo camp, —el dandismo de la época de la cultura de masas— no hace distinciones entre el objeto único y el objeto de producción masiva. El gusto camp trasciende la náusea de la réplica.

47. El mismo Wilde es una figura de transición. El hombre que, al llegar a Londres, usaba boina de terciopelo, camisas de encaje, calzones cortos de pana y medias de seda negra, nunca en su vida podría apartarse demasiado de los placeres del dandy de viejo estilo; este conservadurismo se refleja en El retrato de Dorian Gray, Pero muchas de sus actitudes sugieren algo más moderno. Fue Wilde quien formuló un importante elemento de la sensibilidad . camp —la equivalencia de todos los objetos—; al anunciar su intención de «corresponder» a su porcelana azul y blanca, o al declarar que un llamador podía ser tan admirable como una pintura. Cuando proclamó la importancia de la corbata, del ojal, de la silla, Wilde estaba anticipando el esprit democrático de lo camp.

48. El dandy de viejo estilo odiaba la vulgaridad. El dandy de nuevo estilo, el amante de lo camp, aprecia la vulgaridad. Allí donde el dandy se sentiría continuamente ofendido o aburrido, elconnaisseur de lo camp se divierte, se deleita continuamente. El dandy se acercaba un pañuelo perfumado a la nariz y no era difícil que se desmayara; el connaisseur de lo camp huele un tufo pestilente y se enorgullece de la fortaleza de sus nervios,

49. Es una hazaña, desde luego. Una hazaña estimulada, en último análisis por la amenaza de aburrimiento. La relación entre el aburrimiento y el gusto camp no puede ser subestimada. El gusto camp es, por su misma naturaleza, posible únicamente en sociedades opulentas, en sociedades o círculos capaces de experimentar la psicopatología de la opulencia.

50. La aristocracia es una posición ante la cultura (así como ante el poder), y la historia del gusto camp forma parte de la historia del gusto snob. Pero, puesto que no existen ya auténticos aristócratas en el viejo estilo que fomenten gustos especiales ¿quien será poseedor de este gusto? Respuesta: una clase improvisada y auto-elegida, integrada por homosexuales fundamentalmente, que se constituyen en aristócratas del gusto por decisión propia.

51. La relación peculiar entre el gusto camp y la homosexualidad tiene que ser explicada. Si bien no es cierto que el gusto campsea el gusto homosexual, es indudable que hay una particular afinidad y un solapamiento. No todos los liberales son judíos, pero los judíos se han mostrado singularmente afines alas causas liberales y reformistas. Del mismo modo, no todos los homosexuales tienen gusto camp. Pero los homosexuales, con mucho, constituyen la vanguardia —y el público más articulado— de lo camp, (La analogía no está escogida sin premeditación. Judíos y homosexuales son las descollantes minorías creadoras de la cultura urbana contemporánea. Creadoras en su más auténtico sentido: son creadoras de sensibilidades. Las dos fuerzas precursoras de la sensibilidad moderna son la seriedad moral judía y el esteticismo y la ironía homosexuales)

52. La razón del florecimiento de la postura aristocrática entre los homosexuales parece ser análoga en el caso judío. Pues toda sensibilidad sirve al grupo que la promueve. El liberalismo judío es un gesto de autolegitimación. También lo es el gusto camp, que tiene algo de definidamente propagandístico al respecto. Ni que decir tiene, la propaganda opera en la dirección exactamente opuesta. Los judíos apoyaron sus esperanzas de integrarse en la sociedad moderna en la promoción del sentido moral Los homosexuales han apuntalado su integración en la sociedad en la promoción del sentido estético. Lo camp es un disolvente de la moralidad. Neutraliza la indignación moral, fomenta el sentido lúdico.

53. No obstante, aun cuando los homosexuales hayan sido su vanguardia, el gusto camp es mucho más que gusto homosexual. Obviamente, su metáfora de la vida como teatro es peculiar-mente apta como justificación y proyección de un determinado aspecto de la situación de los homosexuales. (La insistencia camp en no ser «serio», en jugar, conecta también con el deseo homosexual de mantenerse joven.) Sin embargo, se tiene la impresión de que si los homosexuales no hubieran más o menos inventado lo camp, algún otro lo hubiera hecho. Pues la postura aristocrática en relación con la cultura no puede perecer, aunque sólo persista en formas cada vez más arbitrarias e ingeniosas. Lo camp es —repitámoslo— la relación con el estilo en una época en que la adopción de un estilo —en cuanto tal— se ha tornado enteramente cuestionable. (En la era moderna, cada nuevo estilo, a menos que sea francamente anacrónico, ha salido a escena como antiartístico.)

54. Las experiencias de lo camp están basadas en el gran descubrimiento de que la sensibilidad de la alta cultura no tiene el monopolio del refinamiento. El camp afirma que el buen gusto no es simplemente buen gusto; que existe, en realidad, un buen gusto del mal gusto. (Genet habla de esto en Notre Dante des Fleurs.) El descubrimiento del buen gusto del mal gusto puede ser muy liberalizador. El hombre que insiste en los placeres elevados y serios se priva a sí mismo de placer; reduce continuamente lo que puede gozar; en el continuo ejercicio de su buen gusto termina, por así decir, por ponerse un precio fuera del alcance del mercado. Aquí el gusto camp adviene al terreno del buen gusto como un hedonismo audaz e ingenioso. Vuelve alegre al hombre de buen gusto que antes corría el riesgo de estar crónicamente frus- trado. Es bueno para la digestión.

55. El gusto camp es, sobre todo, un modo de deleitarse, de apreciar; no de enjuiciar. Lo camp es generoso. Quiere deleitar. Sólo aparentemente es malicioso, cínico. (Pero si de cinismo se trata, no será un cinismo sin modales, sino delicado.) El gusto camp no propone que ser serio sea de mal gusto; no menosprecia a quien logra ser seriamente dramático. Lo que hace es encontrar el éxito en ciertos apasionados fracasos.

56. El gusto camp es una especie de amor, amor a la naturaleza humana. Más que juzgar saborea los pequeños triunfos y las horribles intensidades del «personaje»... El gusto camp se identificá con lo que deleita. Las personas que comparten esta sensibilidad no ríen ante la cosa que etiquetan como camp; simplemente, se deleitan. Lo camp es un sentimiento tierno.

(En este punto, podríamos comparar lo camp con gran parte, del arte pop, que —cuando no es únicamente camp— comporta una actitud relacionada, pero, sin embargo muy diferente. El arte pop es más chato y más seco; más serio, más distanciado; en último término, nihilista.)

57. El gusto camp se nutre del amor que se ha puesto en determinados objetos y estilos personales. La ausencia de este amor es la razón por la que elementos tan kitsch como Peyton Place (el libro) y el Edificio Tishman no sean camp.

58. La última definición de camp: es bueno porque es horrible.

…Naturalmente, no siempre se puede decir eso. Sólo en ciertas condiciones, las que he intentado esbozar en estas notas.

(1964)

Susan.Sontag, “Notas sobre lo ‘camp’” en Contra la interpretación y otros ensayos. Barcelona, Seix Barral, 1984

http://www.scribd.com/doc/6761372/Sontag-Susan-Notas-Sobre-Lo-Camp

EL NEOBARROCO: UNA CONVERGENCIA EN LA POESIA LATINOAMERICANA – José Kozer

“The shore is pebbled with eroding brick”

Robert Lowell, Notebook. “Long Summer”

Veo dos líneas básicas en la poesía latinoamericana actual. Una es una línea fina, la otra espesa. La geometría de la fina es linear, su expresión familiar, coloquial. La geometría de la espesa es prismática, intrincada, su expresión turbulenta y densa. La primera línea la asocio más con la poesía norteamericana y más aún con la poesía tradicional latinoamericana, incluyendo aspectos de su ya asimilada vanguardia. Asocio esta línea digamos con, Robert Lowell, un cierto transparente Eliot, o el trabajo de Elizabeth Bishop. La segunda línea, la línea espesa, la asocio con la poesía internacional, una convergencia más fuerte y diversa, verdaderamente más opaca, pero a pesar de su espesura, abarca más. Esta poesía internacional incluye aspectos de la poesía americana del Siglo 20, también como una fuente básica enraizada en el Siglo de Oro del Barroco Español, Góngora y Quevedo sobre todo, además de algunos salpicones de poetas Metafísicos Ingleses, una extensión a la poesía de Stéphane Mallarmé, y un fuerte y fructífero contacto con el trabajo de, por ejemplo, Ezra Pound: y ciertos poetas más jóvenes, como Louis Zukofsky, Charles Olson y John Berryman: sea para introducirte en música moderna John Cage, Philip Glass y el compositor francés católico y místico Olivier Messiaen podrían representar una diversidad de fuentes musicales traducidas en esta tendencia más espesa de poesía. En mi caso, por ejemplo, algunos críticos han sugerido puntos de contacto, una convergencia de métodos, con la poesía de John Ashbery. Si es así, esta es una coincidencia a ser atribuida al periodo histórico en el cual ambos vivimos, y a la manera en que reaccionamos, poéticamente, a nuestros propios tiempos. No digo esto defensivamente, porque yo respeto mucho el trabajo de Ashbery, y fue una influencia para mi propio trabajo, así que podría orgullosa y felizmente reconocer esto. Sin embargo, yo empecé a leer a Ashbery quizá hace tres años atrás, y después de haber escrito cerca de 5000 poemas. Más aún, ya sea que la poesía de Ashbery es ironía hacia la comedia, la mía tiende a ser, entre otras cosas, ironía hacia la tragedia. Habiendo dicho esto, digresión concluida, esto indicaría cómo nosotros, poetas latinoamericanos, estamos en contacto creativamente y críticamente, con el presente palpitante en otras culturas, y como consecuencia, escribimos una poesía más rica, espesa y referencial que muchos de nuestros predecesores.

Déjenme decir ahora que la línea fina en la poesía latinoamericana proliferó durante la primera mitad del Siglo 20. Lo encuentras, por ejemplo, en Huidobro, Neruda, Gabriela Mistral, Eduardo Carranza, Salvador Novo, Octavio Paz, Nicanor Parra, Ernesto Cardenal, Heberto Padilla, Eliseo Diego y Gonzalo Rojas, por nombrar algunos. Hay una línea intermedia, la cual se torna más espesa, e incluye al gran poeta peruano César Vallejo, al surrealista argentino Oliverio Girondo y al peruano Emilio Adolfo Westphalen, también a Carlos Germán Belli y Francisco Madariaga. Sin embargo, la real espesura, una poesía para ser asociada con las esferas de James Joyce, Marcel Proust, Herman Broch y Gertrude Stein, con nuestro propio siglo dorado, y el Barroco de Francisco Medrano, la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz y los previamente mencionados Góngora y Quevedo, sólo serán encontrados en la más reciente poesía de los así llamados poetas neo-barrocos, un grupo, o grupos de individuos, viviendo (algunos han muerto recientemente) en la segunda mitad del Siglo 20. Ellos trabajan, abundantemente, en todos los países hispanohablantes de este continente, Brasil incluido. Esta poesía, para ayudarte contextualmente, tiene la fluidez, el ensortijamiento, el embrollo y la reverberación de la multiplicidad y proliferación que se encuentran en los trabajos de Virginia Wolf y, sobre todo, Gertrude Stein. Los padres fundadores latinoamericanos son el cubano José Lezama Lima y el recientemente fallecido poeta brasileño Haroldo de Campos. Estos dos escritores son nuestros progenitores, las figuras paternas de un gran número de poetas trabajando voraz y productivamente desde la Patagonia hasta la Habana, ya sea en español o en portugués. Es al mismo tiempo, un grupo disperso y altamente coherente, un grupo animado. Disperso, porque estos poetas viven en diferentes países, muy lejos uno del otro, pero conectados, porque sus puntos estéticos de contacto son múltiples, y porque la comunicación es ahora posible instantáneamente gracias a la magia del internet. Ellos constituyen una elite, no una elite de dinero, pero si de riqueza cultural y literaria. Más aún, yo los llamaría una elite con mente abierta, incapaces de rechazar cualquier material que pueda ser reconfigurado, reconvertido, en poesía. Ellos trabajan en dislocación extrema, estirando el lenguaje al máximo, todo tipo de lenguaje, participando alegremente en las libertades del barroco: su escritura no conectada con la lujuria, pero tomando la lujuria como adoración; todos y cada uno de ellos, más que poetas, son una configuración de muchas voces, polifónicas, corales. Y aquellas voces se manifiestan más atemáticamente que de otro modo, mostrando una tendencia hacia la atonalidad, lo oscurecido a ser revelado a través de la lectura cuidadosa y lo oscuro como un instrumento para entender lo espiritual, también como la realidad cuando se confronta por la variedad y la amenaza y el temor de la Nada.

Leer estos poetas Barrocos requiere paciencia, paciencia y gran experiencia en lectura. La asana o postura del cuerpo tiene que colaborar con el acto de leer, el cual no debe de tener prejuicios, abierto a lo nuevo, conocer de diferentes tradiciones en diferentes lenguajes, listo para la inmersión en la mestización. Tú puedes, en este punto de la historia, leer a Borges, Neruda, Parra o Paz más rápidamente, porque su poesía tiene menos obstáculos que la nuestra: es más conceptual, simétrica, armoniosa. Más aún, su vanguardismo aventurero ha sido asimilado. Sin embargo, leer a Vallejo, especialmente Trilce, requiere la paciencia del ojo que se mueve lentamente, como la punta del dedo que se mueve al leer internamente la Biblia. La textura en un poema de Trilce es densa, llena de puntos de quiebre, líneas de evasión, dispersión, proliferación, propagación dentro del texto a través del anacoluto, y el inesperado uso del lenguaje llevado a los extremos. Se transfigura en sí como texto, a través de lo abrupto, lo inesperado. Es como si las palabras estuvieran acometiendo hacia fuera de la página escrita; o como si su gravitación fuera simultáneamente vertical y horizontal, “mezclando memoria y deseo”, cielo e infierno, con el subsuelo. Vallejo, sin embargo, es un poeta que permanece dentro de un marco dado. Si se compara con, por ejemplo, Ernesto Cardenal, su poesía es menos linear; un epigrama de Cardenal es, en su línea, un extracto, e inmediatamente comprendido silogismo.

Al mismo tiempo, ambos, Vallejo y Cardenal son menos tradicionales en sus concepciones de poesía que digamos, Pablo Antonio Cuadra o Eduardo Carranza. Un poeta neo-barroco, diferente de todos ellos, tiende a no permanecer dentro de una línea dada, pero en vez de eso, abarca todo el espacio. Él trata con una sintaxis abrupta, con el desplazamiento, y con un sistema no sistemático que puede ser encontrado, mutatis mutandis, en la poesía de Olson y Zukofsky. El espacio del poeta neo-barroco está dividido. Tiene, por supuesto, su propia lógica, una lógica que incluye, y a veces prefiere, lo ilógico, en la forma en que un ateo incluye a Dios en sus pensamientos.

Ahora, la poesía de José Lezama Lima y Haroldo de Campos es aún más compleja que digamos, la de Vallejo. Para leerlas, y por lo tanto, leernos, debes respirar diferentemente: más asmáticamente. El oxígeno en ella, falta, o se concentra más en el subsuelo, entre los gusanos. Así es que, el poeta argentino Néstor Perlongher escribe: “vermes de rocicler urdiendo bajo el césped un laberinto de relámpagos”. Estos poetas están desnudos ideológicamente, en términos de política y poesía. Por lo tanto, sólo se puede tratar con ellos, referencialmente, en términos del poema en sí, y no a través de analogías políticas o poéticas que tienden a explicar a través del contexto. No hay, básicamente, necesidad para el contexto en orden de leer a Lezama o a un poeta neo-barroco: hay una necesidad para una lenta inmersión, una inmersión en la profundidad del mar en un milieu donde la gravedad cambia constantemente, y el paso cambia porque puede moverse en todas las direcciones constantemente, sin una cronología específica, y donde la respiración requiere nuevas formas de concentración. Y una fe, una aceptación que aquellos diversos materiales funcionan como una unidad; si lo deseas, una masa en unidad, pero de igual forma una cohesión y no puro caos y desconexión.

El neobarroco no conforma un grupo en el sentido que la generación del 98 o la generación del 27 en España conformaban un grupo, aunque estos poetas tienen un aire familiar, una homogeneidad congruente en la disparidad. Sus épocas varían desde Gerardo Deniz, Rodolfo Hinostroza, José Carlos Becerra, Paulo Leminski, Roberto Echavarren y yo estando en nuestros 60’s, a una generación más joven de poetas en sus 40’s, entre los cuales conozco y disfruto los trabajos de los mexicanos David Huerta, Coral Bracho y José Javier Villarreal, los uruguayos Eduardo Espina, Eduardo Milán, Silvia Guerra y Víctor Sosa, los brasileños Claudio Daniel, Josely Vianna Baptista y Glauco Mattoso, y los argentinos Tamara Kamenszain, Arturo Carrera y Reynaldo Jiménez, por nombrar a unos pocos.

Todos ellos, todos nosotros, y por favor ten en mente que en esta historia habemos unos nosotros, que conformamos una familia, (como en toda familia, hay muchas disputas, disidencia, y habladurías maliciosas). Nosotros no rechazamos, pero incorporamos, lo lineal y lo tradicional, a veces golpeándolo amorosamente, a veces distorsionándolo furiosamente, a veces aceptándolo tranquila y respetuosamente. Leemos y modestamente reconocemos el trabajo de, por decir, Sylvia Plath, Anne Sexton, James Schuyler o James Merrill, y sus contrapartes latinoamericanos, el venezolano Rafael Cadenas, el nicaragüense Carlos Martínes Rivas o el cubano Gastón Baquero. Sin embargo, somos de otra forma, densos, asimétricos, más dodecafónicos que clásicos, sin un centro específico, pero envueltos en una proliferación de centros, sin un programa real que ofrecer, sin ningún tema básico por encima y más allá de los temas inevitables de Eros y Thanatos, temas que tendemos a distorsionar, golpear, deconstruir: y esperanzadoramente revitalizar. Esta es una poesía en donde el lenguaje es ambos rey y reina. Un lenguaje que incluye todo y que no rechaza ningún material porque puede estrujar poesía de la coprofilia o necrofilia así como de la belleza de la vegetación. Es cosmopolita por naturaleza y aún altamente localizado, así que un poeta neo-barroco está cómodo estando en una calle de la Habana así como al beber sake a los pies de la montaña sagrada de Tai Chan, con la densidad del Amazonas o Matto Grosso, así como con la experiencia visual de las Pampas, el desierto de Atacama o la tundra Rusa. Esta poesía no le teme al detritus o a la basura, exalta lo pestilente y podrido, nunca presenta a la realidad en blanco y negro, se mueve de costado como el cangrejo, y constantemente teje como la araña, su movimiento termina hacia el zigzag, el cual, como en el caso de los insectos, constituye una organización, con formas y caminos, modos y manías, basada en la variedad y la variación, imagen moderna, clips, shots y lo inminente. Nuestra diversidad y zigzagueo es natural, armonizada con los tiempos en que vivimos.

Nuestra poesía es difícil de leer, somos relativamente desconocidos y aislados, no vendemos, no hacemos dinero, muchos de nosotros estamos en bancarrota (afortunadamente yo no), estamos constituidos por diferentes razas, sexos, orientaciones sexuales, religiones, nacionalidades y etnias, y así cuando escribimos nuestras performances se encuentran en todo lugar, aún en más formas que una, somos realistas: hay una forma de sabiduría neo-barroca que sabe cómo vivir, o quizás sobrevivir, en el mundo moderno. Nuestro trabajo es abierto y andrógino, difícil de colocar. Aceptamos, por razones didácticas, el sello de neo-barroco, pero rechazamos esa limitación. Esta poesía como sintaxis en distorsión, contiene un rico vocabulario, mezcla niveles también como peculiaridades del español y/o portugués, a veces siendo regionales y a veces universales. Este lenguaje mestizo es neoricano, chicano, peninsular, mexicano, colombiano, nordestino, y recurre abiertamente a expresiones en esperanto, los lenguajes europeos, griego, latín, o como es en mi caso, yiddish (hebreo) más idiolectos cubanos. Wilson Bueno, el poeta brasileño de Curitiba, combina portuñol (en sí una mezcla de portugués y español) con el lenguaje guaraní. El mexicano Gerardo Deniz es barroco del Siglo de Oro combinado con mexicanismos, más un lenguaje científico y pseudo-científico. El está cómodo escribiendo acerca del mito de Marsyas, la largamente ida Belle Époque o de la novela Héloise de Rousseau. El argentino Néstor Perlongher opera en un mundo travestido, mientras que el uruguayo Roberto Echavarren dirige su atención y su lenguaje hacia un mundo homo-erótico, como en su poema “La Dama de Shangai”. Tamara Kamenszain es una poeta argentina que exalta el Teatro No japonés, y el brasileño Haroldo de Campos está más cómodo con la Vía láctea que con la Tierra, la verdadera tierra que hace unas pocas semanas tomó su cuerpo y lo envió hacia la Vía Láctea. La mexicana Coral Bracho escribe acerca de lo que sucede en los intersticios y el subsuelo, y no acerca de temas políticos actuales. El argentino Reynaldo Jiménez escribe acerca de musgo, miniaturas, ruido incidental como John Cage, o la circularidad de la Nada, pero no acerca de las tradiciones del tango, las Pampas y beber mate. El uruguayo Eduardo Espina es un poeta denso, altamente comprimido, trágico al ser cómico y cómico al ser trágico: para leerlo necesitas de paciencia, una paciencia, que te aseguro, es recompensada. Para leernos a cualquiera de nosotros necesitas la experiencia y la paciencia devota que es requerida al leer Finneganns Wake de Joyce, Igitur y Un coup de dés de Mallarmé o Tender Buttons de Gertrude Stein (una palabra en jerga, a propósito, que significa clítoris). Gertrude Stein dice, por ejemplo, “Dining is West”. ¿Qué sentido podemos sacar de eso? Quizá mucho más que decir, en este punto de la historia de la literatura, que el cenar es agradable, que el cenar en un restaurante caro me hace feliz, o simplemente describiendo como Zola o como Balzac, de una manera naturalista, cada uno y todos los elementos que componen un restaurante como realidad física: una descripción morosa en cámara lenta, que va mano a mano con lo real, el drama humano, demasiado humano, desplegándose, literalmente, en la página. En mi caso, yo recombino mi trasfondo judío con mi nacionalidad cubana, mi experiencia americana, mi devoción por la cultura y literatura orientales, para producir un trabajo al que considero transnacional y multicultural. No soy sólo lo que yo como, también soy, quizá mayormente, lo que leo (y considera que normalmente leo seis horas al día, mientras que gasto treinta minutos en comer, excluido el vino).

Nuestros antepasados leen con intensidad y devoción: estamos perfectamente conscientes de la voracidad de lectura de los poetas tales como Lezama Lima, Jorge Luis Borges, Haroldo de Campos y Octavio Paz, y aún hay una diferencia en nuestras experiencias de lectura divergentes. Para ponerlo más claro: también leemos cómics. Leemos y usamos en nuestro trabajo sub-literatura rosa, los así llamados “culebrones” u obras de teatro musicales, digiriendo, regurgitando y retrocediendo todo este material barato. Para darte un ejemplo, yo publiqué recientemente en México un libro corto que contiene poemas y textos en prosa que he escrito a través de los años en honor a Franz Kafka. Su título es Un Caso llamado FK. Envié el libro a Contador Borges, un joven poeta brasileño, quien siempre se hace llamar Borges el Menor. Me contestó para hablarme de un paralelo que había encontrado entre mis textos en prosa y Bat Masterson. Me imagino a Kafka retorciéndose en su tumba, o quizás Bat Masterson. Quizá el Sr. Contador estaba siendo gracioso, quizá estaba desbaratando mis textos, lo que no me importa, porque pienso que todo es por el bien de la poesía; en cualquier caso, y esto me gustaría enfatizar, su lectura es una abierta, extrema, forma de lectura, típicamente neobarroca. No le teme a una interpretación kitsch, ni perder el tiempo con el texto, en el sentido que la literatura no es rígida ni flexible. El poeta cubano Eugenio Florit clama que permaneció los últimos años de su vida leyendo a Goethe. Yo le creo. No porque fuese un especialista, pero él pertenecía a una generación más armonizada con lo clásico. Nosotros, sin embargo, pertenecemos a un periodo de la historia que está armonizado con lo clásico, pero también con el detritus; armonizados con el Orden y también con el Caos. Leemos de una forma dispersa, de una forma incontrolable y multidireccional. No puedo concebir a un poeta neo-barroco pasando los últimos años de su vida leyendo a un solo autor o acerca de un tema dado, sin desviarse constantemente en su lectura.

Recientemente, mientras estuve en México, estaba caminando con David Huerta, y recuerdo claramente, que empezamos a hablar, entusiastamente, acerca del trabajo de Haroldo de Campos, y terminamos discutiendo ciertos aspectos de Berceo, incluyendo su religiosidad sin prejuicios y aspectos de su así llamado anti-semitismo. Lo cual entonces nos movió hacia el anti-semitismo de Quevedo y su rechazo a la poesía de Góngora. Además bromeamos, y yo le explicaba algunos aspectos esotéricos de las bromas cubanas, y Huerta explicó la forma en que los “albures” mexicanos operan (éstas son bromas altamente distorsionadas, mayormente basadas en contracciones del lenguaje). Entonces, leímos y discutimos literatura “a salto de mata”, cambiando de una cosa a otra.

Un ensayista norteamericano, traductor de los clásicos, y escritor de prosa Guy Davenport (para mí uno de los más importantes escritores vivientes del país) dice que lee a través del día diferentes textos de acuerdo al pasaje de las horas, temporada del año, su humor personal, aún al tener la necesidad de cambiar de cuartos, posición y lugar de lectura (a veces una silla, a veces un sofá, otras una cama) de acuerdo al material que lee. Me parece que así es como un poeta neo-barroco lee. Yo, por ejemplo, comenzaré el día leyendo poesía, y entonces pasaré horas leyendo ficción, después de eso leo un capítulo de la Biblia (obviamente ambos testamentos), unas cuantas páginas de un diccionario o una enciclopedia (hoy en día estoy leyendo un gran diccionario de religión), paso algún tiempo leyendo a los jóvenes quienes usualmente me envían sus libros para una opinión o simplemente por compartir, y terminaré el día otra vez leyendo ciencia ficción. Además, leo todo el día alternando español e inglés. Todos los poetas neo-barrocos con los que estoy en contacto leen así. Ellos nunca aíslan a un solo autor y lo leen sistemáticamente; en vez de eso, la tendencia es saltar de una cosa a la otra, e incluir todos los posibles géneros literarios. Todo concuerda en nuestra poesía, nada es en principio, descartado. Lo descartado, el desperdicio, lo rechazado, es parte del texto, y muchas veces es el texto.

Para darte una visión más concreta de lo que estamos haciendo, déjame recurrir a lo didáctico, y superficialmente crear tres modelos básicos (aquí subrayaría la palabra básico). Me gustaría nombrar a estos tres modelos o categorías como Pesadas, Medianamente Pesadas (o quizá Medio Ligera) y Ligera. Intentaré darte ahora una caracterización del trabajo de unos cuantos poetas neo-barrocos que pueden concordar con algunas características dadas más arriba. Para la Pesada te presentaré la poesía de Gerardo Deniz, Wilson Bueno, Eduardo Espina y Reynaldo Jiménez. Para el grupo Mediano te presentaré el trabajo de Roberto Echavarren, Néstor Perlongher y Coral Bracho. Y finalmente procederé a caracterizar los trabajos separados de dos poetas neo-barrocos más Ligeros, David Huerta y Raúl Zurita. Todos estos poetas son densos y complejos, difíciles de seguir y digerir, aún la textura de su material se mueve de Pesado a Ligero. Lo que ellos escriben, si se compara, por ejemplo, con la Antipoesía de Nicanor Parra, le falta estabilidad, una unidad de forma y contenido, una cronología. Toma un poema de Parra, y fíjate en su estructura silogística: se mueve hacia delante, línea a línea, empujando linealmente desde la premisa primaria o secundaria, a una conclusión o desenlace dramático. Normalmente termina con una línea golpe, un impacto final que en un sentido es programático; su propósito es patear el culo del burgeois. En el caso del poeta neo-barroco, el procedimiento o estrategia es lateral, no programático, afilado o plano a propósito, separado o falsamente emocional, sin contener historia o usando la historia como pretexto para la exploración del lenguaje. Puede ser una construcción de ángulo obtuso más que una entablatura perfectamente unida y puesta junta. Aquí no hay astillas.

GERARDO DENIZ (España, 1934, ha vivido la mayor parte de su vida en México). El Sr. Deniz será mi primer ejemplo de poeta Neo Barroco espeso. Es él, en serio, espeso y pesado como una plomada. Gruñón. Aislado. “No se casa con Dios ni con el Diablo”, significa que él no desea tener nada que ver con Dios ni con el diablo, pero que en su poesía mezcla a los dos. Su trabajo sigue, persigue, sus propias reglas internas, usando muchas veces bromas privadas, sin sentido y palabras que no existen (de detritus él crea letritus, un título de uno de sus libros). El rompe, en su poesía, la moral barata, lo coloquial o los partidos políticos. La poesía, dice, no es una especialidad: en vez integra al no suprimir, los materiales ausentes estando allí precisamente para enfatizar la ausencia. Ignorar no es ignorancia o rechazo, pero una forma de subrayar lo que es muy importante. Además, un Ethos, sí; moral barata, no. Su poesía vierte lo nuevo en viejas formas, creando contenedores que encierran una diversidad de contenidos. Deniz puede duramente ser llamado ortodoxo, pero conoce su teología muy bien, está cómodo con la historia de las diferentes religiones y cultos, su vocabulario es todo inclusivo, y puede mover el texto desde adentro de una iglesia donde una misa católica está siendo realizada hacia las montañas de México donde alguien está experimentando con peyote. Él constantemente recurre a los arcaísmos, expresiones raras, localismos, y terminología técnica y científica (por años ha sido un traductor de ciencia y ficción bajo su nombre real, que es Juan Almela. Gerardo Deniz es un pseudónimo, donde Deniz es una palabra turca que significa mar). Su vocabulario experimenta con lo teológico y lo metalingüístico, con el así llamado “feísmo” o la vindicación de lo feo, y lo repugnante. Y aún él usa ritmo interno, puede rimar y escribir un perfecto soneto. Para él nada es permanente, lo inmutable es vagamente posible, ironía y sarcasmos son armas para sobrevivir, y pobreza, pobreza real, significa tener que desperdiciar tiempo entre imbéciles. Para Deniz, muy poca gente no son imbéciles. Él es ahora legendario, vive ahora entre sus gatos, y quizá comparte con ellos su comida. Me parece que, él concordaría con Paul Bowles, cuando dice en La Casa de la Araña que “existen demasiados ángulos diferentes, todos ellos más o menos igualmente válidos, desde los cuales ver la verdad;” y que no hay “un sólo modo de expresión, un sólo estilo, que podría ser identificado apropiadamente” como el suyo. Es como si Deniz no hubiera escrito los poemas de Deniz, pero que éstos se escribieron a sí mismos para obliterarlo.

WILSON BUENO (Brasil, 1949). Un poeta brasileño de Curitiba escribe, curiosamente, un libro llamado Mar Paraguayo. Casi nada sucede, en ese libro, en términos de trama. Lo que sucede es un aura, infernal, sentida, pensada, como remordimiento y soledad: hay un encuentro carnal, corto, mágico, en el cual una mujer madura ama a un jovencito, un amor relacionado con lo homoerótico así como con lo heterosexual, intercalado con furia y compasión hacia un hombre viejo y decrépito, un hombre al que la “heroína” de este texto tiene que cuidar. Hay un perro llamado Brinks, una alusión a brincar, lo que el perro tiende a hacer, y a brinquedo, juguete en portugués, porque todo el texto es un juego de lenguajes ocurrido en tres lenguajes: portugués, español (ambos mezclados como portuñol) y guaraní. Se puede decir que el texto está escrito en cuatro y no en tres idiomas, porque portuñol, un híbrido, se convierte en uno solo, entonces la razón del cuarto lenguaje, que creo, tiene un gran futuro. El lenguaje es el principal carácter del libro, quizá el único carácter real; este lenguaje es un lugar sin lugar, un U-topos, la instancia utópica (por primera vez no existente) como posibilidad. Wilson Bueno escribe: “matar ô morir, su encendido furor cerca de la muerte e sus águas, Itacupupú, chia, chia, tiní, chiní, sus águas de pura agonia”. Donde, geográficamente, transforma español en portugués, al colocar acentos en palabras tales como ó, águas, o lo opuesto, omitiendo el acento en la palabra agonía, una palabra que es la misma en ambos idiomas, pero que el autor se refiere aquí en español.

EDUARDO ESPINA (Uruguay, 1954). Creador del término “barrococó”, un término más allá del moderno y popular “rococó”, su trabajo está entre los más difíciles de leer: Claudio Daniel, mi traductor portugués, quien es quizá uno de los poetas brasileños que está haciendo más que crear un puente de verdadera comunicación entre Brasil e Hispanoamérica, estuvo casi al punto del suicidio cuando tradujo a Espina. Yo le dije que fuera a un manicomio por un tiempo, y quizá así podría traducir el texto más fácilmente (e imagina, esto es traducir Espina del español al portugués, un idioma no tan divorciado del original). Espina opera al usar lo contingente y banal para tratar de alcanzar lo trascendental, él vandaliza la realidad para mostrar banalidad; acción y unidad son desmembradas, lo snob es hecho evidente, en orden de corroerlo. La fealdad es vindicada. Las palabras se reúnen en una sofocante inclusión. La página cuadrada y claustrofóbica de Espina. Disrupción en su estrategia básica; él altera y alterna, así que cuando escribe una serie de homenajes están dedicados a Emily Dickinson, Walt Whitman y Colón, pero además a Superman. Un poeta altamente sintético, en Espina, el título y el subtítulo de un poema juegan un papel antagónico, a veces no relacionado, conteniendo tanta belleza y magia poética, risa y vergüenza, como la totalidad del poema. Su trabajo prueba los límites de la gramática lógica y secuencial, tornándolo en un proceso resbaloso sin fin el cual duramente alcanza un objetivo, porque no tiene objetivo del que se pueda hablar.

REYNALDO JIMÉNEZ (Perú, 1959). Ha permanecido la mayor parte de su vida en Buenos Aires y es considerado un poeta argentino. Jiménez es además un ensayista y editor, me gustaría etiquetar su poesía, junto con el trabajo de la poeta mexicana Coral Bracho, como “microscopista”. Usando un sistema de ecos, y operando con la textura fónica de las palabras, Jiménez mueve superficie en interior, magnitud en infinita microscopía. Él prolifera el lenguaje como moho, humedad, y esponja que todo lo absorbe, alimentándose con lo que llega a ser toda vida invisible o minimizada. Un amor por los intersticios, galaxias de palabras relacionadas, originándose una de la otra por paronomasia. Sus poemas son un laberinto poroso, un cosmos de casi nada, el interior de lo más recóndito plegado; un cosmos para ser explorado obsesivamente, “desde la mano/ hasta la mano, se reparte el cosmos”. Cada parte es un aspecto de expresión, obviamente expresión poética, y su totalidad, un movimiento en el cual las palabras son seres en un estado de flujo constante, cadenas de multiplicación ingiriendo y siendo ingeridas, un movimiento que es no-categórico e inestable, una especificación que no puede ser retenida.

Déjame ahora ejemplificar un segundo modelo de lo neo-barroco, aquel que he llamado Medio Pesado o Medio Ligero, por decir, para empezar, unas cuantas palabras acerca de la poesía de ROBERTO ECHAVARREN (Uruguay, 1944). Un poeta, teórico del neo-barroco (junto con Milán, Espina y Kamenszain), un traductor y académico con amplio rango de intereses, la poesía de Echavarren alterna entre subjetividad intensa y objetividad intensa: su lenguaje tiende a ser denso, pero prístino y luminoso, y suficientemente poroso, así que el leerlo, no es tan difícil como por ejemplo Deniz, Espina o Jiménez. Él no opera en un estilo dado, pero, a través de la insinuación y la seducción, en vez de una continuidad de estilos que siempre cambian creando una pluralidad de manera (y a veces, manierismo) dentro del marco del neo-barroco. Su poesía es nómada, y su tribu no sólo vive en el desierto; también vive en las grandes ciudades del mundo, sus museos, calles, el peligro de la vida nocturna en la oscuridad, un mundo secreto urbano marginal donde lo travestido, lo rechazado vive. Echavarren puede hacer poesía de una pintura de Ingres, Antinoo como un emblema homo-erótico, un filme de segunda clase, video clips, Memphis, Egipto, o Nueva York, jugando con la ambigüedad en orden de exponer los múltiples niveles de realidad diaria y trascendental: “¿Su papá no fue un papito?” Escribe Echavarren, donde papito puede significar un padre amoroso y gentil así como también un soutener, gigoló o alcahuete.

NÉSTOR PERLONGHER (Argentina, 1949 – Brasil, 1992, una víctima del SIDA). Perlongher escribe en su poesía temprana acerca del Imperio Austro-Húngaro colocando el concepto en un espacio transnacional no identificable. Él mezclará, en su futuro trabajo, discursos argentinos y brasileños, historia tradicional con el presente. Perlongher recurre, temáticamente, a la revolución de las costumbres (él era sociólogo), militarismo latinoamericano, culto a las drogas, SIDA y Evita Perón, a quien llama la Diosa de las Prostitutas, en orden de desenmascarar a la realidad, quizá excluyendo al SIDA. El arte está allí no para mostrar fotográficamente, pero si para disparar la siempre cambiante continuidad del la realidad inaprensiva, y una frustración del lenguaje que está siempre presente cuando se intenta capturar el flujo de lo histórico, poético y/o lo real en la Realidad. A propósito, Nestor Perlongher confunde las así llamadas ideas claras, moviéndolas al límite, en espera de inyectarlas con una claridad nueva y más actualizadas. Su poesía cuestiona la identidad sexual, el género literario, respondiendo a si algo es prosa o poesía, o si alguien es hombre o mujer, con ironía, irritación, risa, y por supuesto, ambigüedad: la ambigüedad de la poesía moderna, la cual al cuestionarse, termina tratando con la sabiduría, ambiguamente.

CORAL BRACHO (México, 1951). Es rizomática en vez de arbórea. Su poesía se mueve microscópicamente y bajo la tierra, devela en múltiples direcciones, sin embargo permanece sin raíces. El agua aparece, eructa, en orden de borrar, re-escribir, y entonces volverse a borrar: un palimpsesto. Un palimpsesto basado en la variedad lingüística, libertad rizomática, la aventura subterránea, la búsqueda de la poesía microscópica y verdaderamente acuática, un festival de cuestiones y materiales resbalosos. Ella prescinde de la puntuación muchas veces para incrementar la humedad de la realidad resbalosa, sexualidad que no está congelada o cristalizada, pero es un receptáculo de formas que siempre cambian. Ovidiana en naturaleza. El líquido es seminal y alegre, fluye en los contornos de la página, y el cuerpo femenino. Fusiona y desaparece. El poema, por supuesto, es todo lo que queda: una densidad de fluidos, una linearidad del rizoma.

Ahora me moveré al tercer y último modelo de la poesía neo-barroca, aquella a la que llamé Ligera. Empezaré con el trabajo de DAVID HUERTA (México, 1949). A él le gusta moverse entre sonidos, espejos y lo visual (Huerta ha colaborado con muchos pintores mexicanos y publicó, a través de los años, libros con su trabajo y sus trabajos). Él suyo es un verso largo, narrativo y cercano a la prosa, siempre al límite de los géneros literarios. Su método básico consiste en establecer para disolver, afirmando para confutar, usando el lenguaje con el entendimiento que el lenguaje es el instrumento de la creación también como su obstáculo: leemos a través del lenguaje, y toda lectura es una deslectura. “Yo era un truco” dice Huerta, precisamente para indicar que un poema es un simulacro de la realidad, y de sí mismo. Lo mejor que puedes tener es un entendimiento cercano, una reconfiguración cerrada de lo desconocido. Lo escrito como pureza de texto no existe para Huerta, así que el poema nunca corresponde con la naturaleza del mundo, y de la realidad; ya sea se exprese sin un más allá de la página: un en sí mismo que puede prolongarse hasta el día del juicio final, en la página. (Aquí, a propósito, estoy tentado de capitalizar la palabra página).

El otro ejemplo de Neo Barroco de un poeta Ligero que deseo introducir es RAÚL ZURITA (Chile, 1951). Su trabajo puede ser caracterizado por su experimentalismo audaz, el intento a la innovación, protesta social sin una forma ideológicamente cercana, un sentido de performance que es continuo, y, desde el punto de vista biográfico, una necesidad o por lo menos un deseo de exhibir su propio cuerpo como un ejemplo de lectura cercana entre cuerpo y página escrita: lo que sucede en la página debe suceder en el cuerpo. Por ello, si en su poesía Zurita quema con palabras, en algún punto él tomará una barra de hierro pre-calentada y se quemará su propia mejilla para dejar una huella en su propia carne. Exhibicionismo, por un lado; performance por otro, pero sobre todo, obligación en términos de una junción entre vida y trabajo: no hay hendiduras allí. Si él intenta destruirse a sí mismo, o al menos un fragmento de él, lo hace para mostrar un despertar doloroso del mundo moderno, con sus sucias políticas, sus manipulaciones egoístas, la locura de los pocos contra la indiferencia de los muchos. A veces Zurita trabaja con axiomas matemáticos, a veces introduce la rígida realidad geográfica de su país (como en sus amorosos poemas acerca del desierto de Atacama), a veces honra la poesía chilena tradicional usando los diferentes modos de Gabriela Mistral, Neruda, Pablo de Rokha, Gonzalo Rojas y Nicanor Parra. La suya es una continua fragmentación, un texto que se declara a sí mismo, entonces contradiciendo lo establecido, entonces reiterando contra la contradicción: un interminable flujo heracliteano. Por lo tanto, uno nunca alcanza el significado como una consolidación de todo significado, la visión permanece difusa y astillada; la sintaxis es pervertida, alterada, realterada, regresada a la normalidad. En su rostro Zurita exhibe el paisaje de Chile, sea una montaña o un desierto; las cicatrices, borraduras, manchas de la página escrita también muestran, actúan y cantan en sus mejillas.

Charles Ives, el gran compositor americano, ha dedicado un ensayo lúcido sobre Thoreau, en el cual en algún punto dice: “Parece que Thoureau deja que la naturaleza lo ponga bajo su microscopio, en vez de tenerla a ella bajo el suyo” Y también agrega: “El estudio de la naturaleza puede tender a hacer a uno dogmático pero el amor por la naturaleza seguramente no”. Estaríamos nosotros, simplemente, para escribir poesía donde Ives escribe Naturaleza, tendríamos entonces una buena visión del credo que un poeta neo-barroco expresa en su trabajo; ya sea él un instrumento de la Poesía y no Poesía, un humilde alfarero y artesano trabajando, y no un Creador; la Mano del Tintorero, digamos, en vez del Hacedor del Tinte. Moviéndose bajo el microscopio de la poesía el poeta neo-barroco escribe microscópicamente, mientras inscribe el Macrocosmos. Y esto el poeta no lo hace dogmáticamente, pero sí proviene del amor. Por lo tanto, un sumario de la poesía neo-barroca incluiría nociones tales como dispersión, la re-apropiación de estilos ya formados, estilos que se mueven en paisajes bárbaros, donde las ruinas son unidas; una escritura donde el trobar clus y lo hermético prolifera, donde existe gran turbulencia; mezclas anti-naturales, una alegría construida al combinar lenguajes, la disolución del sentido unidireccional, sin ensalzar el Yo, o el Ego; polifonía, polivalencia y versatilidad, utilización de estilos dados en orden de deconstruirlos, creando una verdadera explosión de diferentes formas de escritura, una mancha de materiales, una firma hacia lo feo, lo sórdido, lo reciclable, todo esto caracteriza el neo-barroco. En verdad, esta es una poesía que en su diversidad funciona por amor y no por el hecho del dogma como imposición.

Me gustaría terminar diciendo que desde la muerte de Octavio Paz y Haroldo de Campos, no existen más vacas sagradas cuando se refiere a la poesía en Latinoamérica. Cuando digo vacas sagradas no quiero decir esto derogatoriamente, sino simplemente como descripción de una situación histórica. Nuestros antepasados, ya sea Neruda, Huidobro, Vallejo, Lezama o Paz, fueron percibidos como grandes, grandiosos, nunca intercambiables, tan separados como guijarros en un paisaje. Lo que tienes ahora, por otro lado, es un nuevo fenómeno: un grupo de poetas (fácilmente puedo mencionar a cuarenta, cincuenta de ellos que leo con respeto y un creciente interés) cuyos miembros no se consideran que compiten entre ellos, uno de ellos siendo mejor poeta que el resto; en vez, son considerados como Primus Inter Pares, no guijarros, pero grava, quienes en vez de competir conforman un grupo híbrido, ideológicamente desnudo, feliz o infelizmente productivo, cada uno sintiendo su presencia y trabajando para ser Primeros entre los Primeros, de forma que ninguno sea disminuido. Existe, yo creo, un nivel de idealización en lo que estoy diciendo; pero siento que estamos movidos por fuerzas históricas que se están divorciando de la lujuria excesiva, la vanidad, la egolatría. Cuando era joven, estuve caminando un día por la Calle Ocho, Greenwich Village, New York, con un famoso poeta latinoamericano. En un punto me tomó de un brazo y me dijo: “¿José, acaso no piensas que le gano a Vallejo por una nariz?” Yo lo miré y repliqué, instintivamente: “No te olvides, por favor, que eres ñato”. Obviamente, él nunca me habló otra vez. No me importó y tampoco me importa ahora. Yo no creo que la poesía sea una carrera de ratas o una pelea de perros. Por el contrario, la poesía para mí es un experimento en lo desconocido, una búsqueda de la belleza, el conocimiento y la sabiduría a través del misterio de un complejo, multidimensional, y simultáneo lenguaje, que a un punto dado es recibido, transmitido, y no entendido del todo o rígidamente controlado por el poeta.

(Traducción de Renzo Parodi)

José Kozer (La Habana, 1940). Ha publicado en poesía: Padres y otras confesiones (1972), Poemas de Guadalupe (1973), De Chepén a La Habana (1973), Este judío de números y letras (1975), Y así tomaron posesión en las ciudades (1978), La rueca de los semblantes (1980), Jarrón de las abreviaturas (1980), Bajo este cien (1983), La garza sin sombras (1985), El carillón de los muertos (1987), Carece de causa (1988), De donde oscilan los seres en sus proporciones (1990), Prójimos.Intimates (1990), Una índole (1993), Trazas del lirondo (1993), Et mutabile (1995), Los paréntesis (1995), aaa1144 (1997), La maquinaria ilimitada (1998), Dípticos (1998), Farándula (1999), Rosa cúbica (2002) y las antologías poéticas No buscan reflejarse (2001) e Y del esparto la invariabilidad (2005). Reside en la actualidad en Hallandale, La Florida.